Todos tenemos la razón
revuelta en esa voz. Me quede mirando el vacio que yacía en el
frío, fueron copos de nieve que deje volar, el más allá nunca ha estado muy
cerca de esta verdad. La capacidad de
ver es la misma que tienen los mudos de hablar. Parados
contemplamos la vida y como polvo debajo de nuestros pies olvidamos lo que
vivimos en el ayer. Resbala sobre mí, y roza esta piel, resbala hasta aquí hasta
ya no poder volver. El misterio del
porque es lo que nos hace enfurecer, perdemos tiempo y malgastamos momentos en
la búsqueda y nos olvidamos del placer. El placer que es poder disfrutar del
todo y el todo llenar nuestro ser.
Me distraje con el sonido del mar
en ese instante me pude enamorar. Era más que un sentimiento, era más que una
simple expresión. Era más que dar y
recibir. Era lo que nunca podré definir.
Lo
sentí desbordar, correr a cada lugar, lo vi caer, levantarse una y otra
vez. En la lejanía yo lo divise, en la
lejanía yo me encontré. Perdida en su grandeza, hundida en su calma, saboree su sal. Nadie
jamás me podrá encontrar, me despedí de mi el adiós resonó y una gaviota me escucho,
sólo ella conocería el secreto de los dos.
No vives por razones, no vives por búsqueda, no vivo por temor a morir. Vivo por placer del vivir.
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